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jueves, 13 de noviembre de 2014

INAGURACIÓN EL SABADO 15 NOVIEMBRE DE LA ESTATUA DE DON BLAS DE LEZO EN LA PLAZA COLÓN EN MADRID


Si estás el sabado en la Capital ¡¡ acude !!
y si no estás , difunde esta noticia.

El sábado , tod@s somos Don Blas de Lezo y Olavarrieta.

DETERMINACIÓN...
INTEGRIDAD
VALOR
SACRIFICIO
ORGULLO
HONESTIDAD
LEALTAD
VALENTIA
PATRIOTISMO
PUREZA
COMPAÑERISMO

¡¡ CUANTA FALTA NOS HACES HOY BLAS !!







Blas de Lezo y Olavarrieta (u Olabarrieta) (Pasajes, Guipúzcoa, España, 3 de febrero de 1689Cartagena de Indias, Nueva Granada, Imperio Español, 7 de septiembre de 1741), primer marqués de Ovieco (a título póstumo), almirante español conocido como Patapalo, o más tarde como Mediohombre, por las muchas heridas sufridas a lo largo de su vida militar,1 es considerado uno de los mejores estrategas de la historia de la Armada Española.



Cartagena de Indias (1741)




Plano de Cartagena de las Indias realizado en 1735 y publicado en la ObraRelación Histórica del Viaje a la América Meridional, de Jorge Juan y Antonio de Ulloa.




Plano de la Bahía de Cartagena de Indias realizado en 1735 y publicado en la ObraRelación Histórica del Viaje a la América Meridional, de Jorge Juan y Antonio de Ulloa.


El rey lo ascendió en 1734 a teniente general de la Armada. Regresó a América con los navíos Fuerte y Conquistador en 1737 como comandante general de Cartagena de Indias, plaza que tuvo que defender de un sitio (1741) al que la había sometido el ataque del almirante inglés Edward Vernon. La excusa de los ingleses para iniciar un conflicto con España fue el apresamiento de un barco corsario comandado por Robert Jenkins cerca de la costa de Florida. El capitán de navío Juan León Fandiño apresó el barco corsario y cortó la oreja de su capitán al tiempo que le decía (según el testimonio del inglés): «Ve y dile a tu rey que lo mismo le haré si a lo mismo se atreve.» A la sazón, el tráfico de ultramar español se veía constantemente entorpecido e interrumpido por los piratas ingleses. En su comparecencia ante la Cámara de los Lores, Jenkins denunció el caso con la oreja en la mano, de ahí que los ingleses conozcan el conflicto como «Guerra de la oreja de Jenkins».


Vernon estaba envalentonado tras el saqueo de la mal guarnecida plaza de Portobelo (Panamá), y el inglés desafió a Lezo, a lo que el marino español contestó:


«Si hubiera estado yo en Portobelo, no hubiera su Merced insultado impunemente las plazas del Rey mi Señor, porque el ánimo que faltó a los de Portobelo me hubiera sobrado para contener su cobardía.»


La flota inglesa, la agrupación de buques de guerra más grande que hasta entonces había surcado los mares (2.000 cañones dispuestos en 186 barcos, entre navíos de guerra, fragatas, brulotes y buques de transporte, y 23.600 combatientes entre marinos, soldados y esclavos negros macheteros de Jamaica, más 4.000 reclutas de Virginia bajo las órdenes de Lawrence Washington, medio hermano del futuro libertador George Washington), superaba en más de 60 navíos a la Gran Armada de Felipe II. Para hacerse idea del mérito estratégico de la victoria, baste decir que las defensas de Cartagena no pasaban de 3.000 hombres entre tropa regular, milicianos, 600 indios flecheros traídos del interior, más la marinería y tropa de desembarco de los seis únicos navíos de guerra de los que disponía la ciudad: Galicia, que era la nave Capitana, San Felipe, San Carlos, África, Dragón y Conquistador. Blas de Lezo, sin embargo, contaba con la experiencia de 22 batallas. El sitio de Cartagena de Indias fue una gran victoria con una enorme desproporción entre los dos bandos.




Estatua de Blas de Lezo en Cartagena de Indias


Tan colosal fue la derrota de los ingleses, que aseguró el dominio español de los mares durante más de medio siglo hasta que lo perdió en Trafalgar, cosa que la historia inglesa no reconoce.5 Humillados por la derrota, los ingleses ocultaron monedas y medallas grabadas con anterioridad para celebrar la victoria que nunca llegó. Tan convencidos estaban de la derrota de Cartagena que pusieron medallas en circulación que decían en su anverso: «Los héroes británicos tomaron Cartagena el 1 de abril de 1741» y «El orgullo español humillado por Vernon».6


Fue justo lo contrario: con sólo seis navíos, 2.830 hombres y mucha imaginación, Blas de Lezo derrotó a Vernon, que traía 180 navíos y casi 25.000 hombres, fue tal la derrota que el Rey de Inglaterra, Jorge II prohibió hablar de ella o que se escribieran crónicas alusivas al hecho, como si nunca hubiese ocurrido. Mientras en su retiro, el almirante Vernon se alejaba de la bahía con su armada destrozada le gritaba al viento una frase: «God damn you, Lezo!» (¡Que Dios te maldiga Lezo!). En respuesta escrita a Vernon, Blas de Lezo pronunció la inmortal frase:


«Para venir a Cartagena es necesario que el rey de Inglaterra construya otra escuadra mayor, porque ésta sólo ha quedado para conducir carbón de Irlanda a Londres, lo cual les hubiera sido mejor que emprender una conquista que no pueden conseguir.»


Blas de Lezo falleció en Cartagena de Indias al contraer la peste, enfermedad generada por los cuerpos insepultos (casi todos ingleses) ocasionados por los sucesivos combates.






FUENTE :http://es.wikipedia.org/wiki/Blas_de_Lezo







martes, 4 de noviembre de 2014

LA HISTORIA DE UNA FAMILIA ESPAÑOLA DRAGONES DE CUERA

Cuando en el año de 1774 se fundó la misión de Nuestra Señora del Santísimo Rosario de Viñadaco, solo las familias “Espinoza”, y los ancestros de la “Ortiz”, estuvieron presentes en la fundación de El Rosario, se encontraban los pioneros Juan Nepomuceno Espinoza, en ese sitio antes llamado por los antiquísimos pobladores cochimies como: Viñatacot; dentro de esa raza cochimi se encontraban las familias que al castellanizar su nombre vinieron a ser las familias “Aguilar”, y “Savin”, quienes fueron consanguíneos de la familia “Ortiz”, por emparentar con ellos poco después de la fundación de la misión.
El español Juan Nepomuceno Espinoza, quien había llegado a la misión de San José del cabo, Baja California en diciembre de 1755, a bordo del galeón de Manila conocido como “Santísima Trinidad”, quedándose en ese lugar de manera definitiva, en el extremo sur de la península, desde donde realizó infinidad de exploraciones al norte de la península, hasta las confluencias del paraje de San Juan de Dios, en las inmediaciones de El Rosario, cuyo paraje había sido fundado el 8 de marzo de 1766 por el padre misionero jesuita Wenceslao Link, quien reconoció la geografía peninsular hasta el extremo sur de la sierra de San Pedro Mártir, que para ellos como europeos venía siendo la región peninsular más norteña a la que se habían adentrado hasta esa fecha de 1766, en los tiempos de la fundación de San Juan de Dios, sitio al que también Juan Nepomuceno Espinoza había llegado en calidad de mulero primero, y como arriero después, al servicio de los jesuitas.
A la expulsión de los Jesuitas de los territorios del imperio español, habiendo sucedido esto en 1767 en todo el reino, menos en la península de Baja California, a donde la noticia llegó más tarde debido a la lejanía, siendo esta tierra abandonada por aquella expulsada orden misionera en 1768.
Fue en 1768, cuando al ser desterrados los jesuitas de esta tierra, para Juan Nepomuceno Espinoza, quien había llegado aquí a la edad de treinta años, se vio de repente solo en la inmensa bastedad peninsular, sin el apoyo de sus protectores a los que había servido desde 1755, y que con su expulsión quedaba él en el más profundo desamparo.
Cuando los Franciscanos encabezados por Fray Junípero Serra, viajaron desde Loreto, Baja California Sur con rumbo al norte peninsular, con miras de llegar hasta los territorios ocupados por los San Dieguitos, y ante el imparable avance de los rusos de norte a sur, quienes habían llegado hasta el fuerte Ross. El imperio español con los franciscanos como punta de lanza, y con el ánimo de hacerse de esos territorios para el dominio español, avanzaron apresuradamente en 1769 hasta la bahía de San Diego, en la actual California Estados Unidos de Norteamérica. En el tal contingente viajaba en calidad de arriero Juan Nepomuceno Espinoza, quien conocía la geografía peninsular hasta el pie sur de la sierra de San Pedro Mártir, hasta donde había llegado con el misionero Wenceslao Link.
A su paso por este territorio el padre Serra fundó el 14 de mayo de 1769 la misión de San Fernando Velicatá, convirtiéndose en la única misión franciscana en toda la península, ubicada en la delegación de El Rosario.
El propio padre Serra acampó por unos días en el paraje de San Juan de Dios, a causa de una molestia que le causaba hinchazón en una pierna, siendo atendió en ese sitio por su arriero de apellido Coronel, aplicándoles algún brebaje del que usaba en sus mulas. Mejorado en su salud Serra ordenó continuar con la exploración rumbo a San Diego, a donde llegaron el primero de julio de 1769, es decir habían transcurrido cuarenta y seis días desde que salieron de San Fernando Velicatá.
Pasado algún tiempo Espinoza regresa a Loreto, lugar en el que se enrola en 1773 con la tercer orden misionera a la que sirvió, siendo esta ultima la Dominica, sirviéndoles de guía y arriero, ya que para entonces contaba con dieciocho años recorriendo a lomo de mula por todo el territorio, de misión en misión.
El 12 de agosto de 1768, el visitador Jose de Gálvez, enviado que había sido por las autoridades virreinales del centro de la Nueva España, hoy México, expidió un decreto en el que otorgaba “suertes de tierra”, y “solares” a españoles, hijos de éstos, o a hombres de bien, para que en esas tierras fundaran sus ranchos, formaran pueblos, y se asentaran con sus familias. Entendemos a ese decreto como un primer intento del gobierno español por colonizar la península. El tal decreto indicaba los pormenores a los que debían atenerse los nuevos moradores, o “dueños” de las tierras; se les indicaba cómo debían construir sus casa, cuántos animales debían tener, que debían servir a su familia, a su tierra, y debían poseer armas para defender este suelo en caso de invasión de extranjeros, o enemigos de la España; y que si algún morador excavaba un pozo, podía hacerse de otra suerte de tierra, y que se rancho podría crecer en extensión según los pozos, y el agua que se encontrara, siendo la primer superficie de tierra, la que resultara de multiplicar ochenta por ciento sesenta varas, tomando en cuenta que una vara eran ochenta y tres centímetros aproximadamente. Ordenaba el decreto que las propiedades serian indivisibles, y no se podrían enajenar por ningún medio, y que solo se podrían heredar al hijo más apto y respetuoso de cada familia.
Fue a éste decreto al que se ciñó Juan Nepomuceno Espinoza; fue esta la causa por la que en un viaje que inició en Loreto con rumbo al norte en 1778, ya con esposa y su primer hijo de nombre Carlos Espinoza Castro, viajó en busca de aquella tierra que lo convenciera para formar su rancho.
Desde Loreto, viajaron hasta la parte más o menos central de la Alta California, de donde se regresaron por los intensos fríos que no soportó la esposa Loreto Castro, habiendo sucedido esto hacia 1798, casi veinte años después que salieran de Loreto, años en los que solo viajaron de misión en misión, donde fueron naciendo sus hijos, que al principio era solo uno, y al final de aquel épico viaje, eran ya diez.
A su paso de regreso al sur por el paraje de San Juan de Dios, en 1799 le sobrevino la muerte a Espinoza, allí fue sepultado por la familia, y allí se quedaron, cuidando su tumba, y esperando el regreso de Carlos y Zacarías.
Y es que Carlos y Zacarías, que eran los hijos mayores Espinoza Castro, habían proseguido su viaje de la parte central de California hasta Oregón para cazar nutrias, mientras que sus padres y hermanos menores regresaban a Baja california.
Varios meses después cuando ya se encontraba sepultado el padre, y los hijos ya cazaban nutrias en Oregón, recibieron un correo de parte de su madre, avisándoles de la muerte de Juan Nepomuceno; y que se encontraban en San Juan de Dios, viéndose los hijos obligados a tomar el primer vapor, un ballenero que los dejó meses después de iniciado el viaje en Punta Baja, al norte de la bahía de El Rosario, desde donde viajaron a pie a la misión, y de ahí en caballos prestados hasta San Juan de Dios.
Habiendo reconfortado su ánimo, construyeron una pequeña casa, como la que se indicaba en el decreto de José de Gálvez.
Para el verano del año de 1800, viajó toda la familia hasta El Rosario, en donde se asentaron, desde entonces y por largos años con Carlos como hermano mayor a la cabeza de la familia.
Así que con aquel arribó en el verano de 1800, se asentó, y nació la “Familia Espinoza de El Rosario”…Cuando crecieron los hijos salieron a poblar una bastedad de la península, de Sonora, y de Sinaloa.
Por: Alejandro Espinoza Arroyo




LA HISTORIA DE UNA FAMILIA ESPAÑOLA DRAGONES DE CUERA !

Cuando en el año de 1774 se fundó la misión de Nuestra Señora del Santísimo Rosario de Viñadaco, solo las familias “Espinoza”, y los ancestros de la “Ortiz”, estuvieron presentes en la fundación de El Rosario, se encontraban los pioneros Juan Nepomuceno Espinoza, en ese sitio antes llamado por los antiquísimos pobladores cochimies como: Viñatacot; dentro de esa raza cochimi se encontraban las familias que al castellanizar su nombre vinieron a ser las familias “Aguilar”, y “Savin”, quienes fueron consanguíneos de la familia “Ortiz”, por emparentar con ellos poco después de la fundación de la misión. 

El español Juan Nepomuceno Espinoza, quien había llegado a la misión de San José del cabo, Baja California en diciembre de 1755, a bordo del galeón de Manila conocido como “Santísima Trinidad”, quedándose en ese lugar de manera definitiva, en el extremo sur de la península, desde donde realizó infinidad de exploraciones al norte de la península, hasta las confluencias del paraje de San Juan de Dios, en las inmediaciones de El Rosario, cuyo paraje había sido fundado el 8 de marzo de 1766 por el padre misionero jesuita Wenceslao Link, quien reconoció la geografía peninsular hasta el extremo sur de la sierra de San Pedro Mártir, que para ellos como europeos venía siendo la región peninsular más norteña a la que se habían adentrado hasta esa fecha de 1766, en los tiempos de la fundación de San Juan de Dios, sitio al que también Juan Nepomuceno Espinoza había llegado en calidad de mulero primero, y como arriero después, al servicio de los jesuitas. 

A la expulsión de los Jesuitas de los territorios del imperio español, habiendo sucedido esto en 1767 en todo el reino, menos en la península de Baja California, a donde la noticia llegó más tarde debido a la lejanía, siendo esta tierra abandonada por aquella expulsada orden misionera en 1768. 

Fue en 1768, cuando al ser desterrados los jesuitas de esta tierra, para Juan Nepomuceno Espinoza, quien había llegado aquí a la edad de treinta años, se vio de repente solo en la inmensa bastedad peninsular, sin el apoyo de sus protectores a los que había servido desde 1755, y que con su expulsión quedaba él en el más profundo desamparo. 

Cuando los Franciscanos encabezados por Fray Junípero Serra, viajaron desde Loreto, Baja California Sur con rumbo al norte peninsular, con miras de llegar hasta los territorios ocupados por los San Dieguitos, y ante el imparable avance de los rusos de norte a sur, quienes habían llegado hasta el fuerte Ross. El imperio español con los franciscanos como punta de lanza, y con el ánimo de hacerse de esos territorios para el dominio español, avanzaron apresuradamente en 1769 hasta la bahía de San Diego, en la actual California Estados Unidos de Norteamérica. En el tal contingente viajaba en calidad de arriero Juan Nepomuceno Espinoza, quien conocía la geografía peninsular hasta el pie sur de la sierra de San Pedro Mártir, hasta donde había llegado con el misionero Wenceslao Link. 

A su paso por este territorio el padre Serra fundó el 14 de mayo de 1769 la misión de San Fernando Velicatá, convirtiéndose en la única misión franciscana en toda la península, ubicada en la delegación de El Rosario. 

El propio padre Serra acampó por unos días en el paraje de San Juan de Dios, a causa de una molestia que le causaba hinchazón en una pierna, siendo atendió en ese sitio por su arriero de apellido Coronel, aplicándoles algún brebaje del que usaba en sus mulas. Mejorado en su salud Serra ordenó continuar con la exploración rumbo a San Diego, a donde llegaron el primero de julio de 1769, es decir habían transcurrido cuarenta y seis días desde que salieron de San Fernando Velicatá. 

Pasado algún tiempo Espinoza regresa a Loreto, lugar en el que se enrola en 1773 con la tercer orden misionera a la que sirvió, siendo esta ultima la Dominica, sirviéndoles de guía y arriero, ya que para entonces contaba con dieciocho años recorriendo a lomo de mula por todo el territorio, de misión en misión. 

El 12 de agosto de 1768, el visitador Jose de Gálvez, enviado que había sido por las autoridades virreinales del centro de la Nueva España, hoy México, expidió un decreto en el que otorgaba “suertes de tierra”, y “solares” a españoles, hijos de éstos, o a hombres de bien, para que en esas tierras fundaran sus ranchos, formaran pueblos, y se asentaran con sus familias. Entendemos a ese decreto como un primer intento del gobierno español por colonizar la península. El tal decreto indicaba los pormenores a los que debían atenerse los nuevos moradores, o “dueños” de las tierras; se les indicaba cómo debían construir sus casa, cuántos animales debían tener, que debían servir a su familia, a su tierra, y debían poseer armas para defender este suelo en caso de invasión de extranjeros, o enemigos de la España; y que si algún morador excavaba un pozo, podía hacerse de otra suerte de tierra, y que se rancho podría crecer en extensión según los pozos, y el agua que se encontrara, siendo la primer superficie de tierra, la que resultara de multiplicar ochenta por ciento sesenta varas, tomando en cuenta que una vara eran ochenta y tres centímetros aproximadamente. Ordenaba el decreto que las propiedades serian indivisibles, y no se podrían enajenar por ningún medio, y que solo se podrían heredar al hijo más apto y respetuoso de cada familia. 

Fue a éste decreto al que se ciñó Juan Nepomuceno Espinoza; fue esta la causa por la que en un viaje que inició en Loreto con rumbo al norte en 1778, ya con esposa y su primer hijo de nombre Carlos Espinoza Castro, viajó en busca de aquella tierra que lo convenciera para formar su rancho. 

Desde Loreto, viajaron hasta la parte más o menos central de la Alta California, de donde se regresaron por los intensos fríos que no soportó la esposa Loreto Castro, habiendo sucedido esto hacia 1798, casi veinte años después que salieran de Loreto, años en los que solo viajaron de misión en misión, donde fueron naciendo sus hijos, que al principio era solo uno, y al final de aquel épico viaje, eran ya diez. 

A su paso de regreso al sur por el paraje de San Juan de Dios, en 1799 le sobrevino la muerte a Espinoza, allí fue sepultado por la familia, y allí se quedaron, cuidando su tumba, y esperando el regreso de Carlos y Zacarías. 

Y es que Carlos y Zacarías, que eran los hijos mayores Espinoza Castro, habían proseguido su viaje de la parte central de California hasta Oregón para cazar nutrias, mientras que sus padres y hermanos menores regresaban a Baja california. 

Varios meses después cuando ya se encontraba sepultado el padre, y los hijos ya cazaban nutrias en Oregón, recibieron un correo de parte de su madre, avisándoles de la muerte de Juan Nepomuceno; y que se encontraban en San Juan de Dios, viéndose los hijos obligados a tomar el primer vapor, un ballenero que los dejó meses después de iniciado el viaje en Punta Baja, al norte de la bahía de El Rosario, desde donde viajaron a pie a la misión, y de ahí en caballos prestados hasta San Juan de Dios. 

Habiendo reconfortado su ánimo, construyeron una pequeña casa, como la que se indicaba en el decreto de José de Gálvez. 

Para el verano del año de 1800, viajó toda la familia hasta El Rosario, en donde se asentaron, desde entonces y por largos años con Carlos como hermano mayor a la cabeza de la familia. 
Así que con aquel arribó en el verano de 1800, se asentó, y nació la “Familia Espinoza de El Rosario”…Cuando crecieron los hijos salieron a poblar una bastedad de la península, de Sonora, y de Sinaloa. 

Por: Alejandro Espinoza Arroyo


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lunes, 3 de noviembre de 2014

UN POCO DE HISTORIA, LA CALIFORNIA, SANGRE ESPAÑOLA.


Cuando el ejército de Estados Unidos llego a California con la guerra contra Mejico, se encontraron con los dragones de cuera españoles ( ya los nuevos mejicanos)quienes le dieron una pal...iza en la batalla de San Pascual, cerca de San Diego el 7 de Diciembre de 1846.

Cuando el ejército de Estados Unidos llego a California con la guerra contra Mejico, se encontraron con los dragones de cuera españoles ( ya los nuevos mejicanos)quienes le dieron una paliza en la batalla de San Pascual, cerca de San Diego el 7 de Diciembre de 1846

En la batalla de San Pascual, unos ochenta lanceros mexicanos derrotaron a las tropas del general Stphen W, Kearny, en unos minutos causaron la muerte de veinte a treinta
norteamericanos y otros tantos heridos, ( Horace Bell, en “Reminiscences of a Ranger”, afirma en la página 291 que fueron 32 “hors du combat”), habiendo perdido sólo un hombre que fue
capturado por los invasores gracias a la ayuda de los indios del lugar. La derrota total no se consumó porque los norteamericanos recibieron ayuda procedente de San Diego.


Foto: UN POCO DE HISTORIA
LA CALIFORNIA, SANGRE ESPAÑOLA.

Cuando el ejército de Estados Unidos llego a California con la guerra contra Mejico, se encontraron con los dragones de cuera españoles ( ya los nuevos mejicanos)quienes le dieron una paliza en la batalla de San Pascual, cerca de San Diego el 7 de Diciembre de 1846.

Cuando el ejército de Estados Unidos llego a California con la guerra contra Mejico, se encontraron con los dragones de cuera españoles ( ya los nuevos mejicanos)quienes le dieron una paliza en la batalla de San Pascual, cerca de San Diego el 7 de Diciembre de 1846

En la batalla de San Pascual, unos ochenta lanceros mexicanos derrotaron a las tropas del general Stphen W, Kearny, en unos minutos causaron la muerte de veinte a treinta 
norteamericanos y otros tantos heridos, ( Horace Bell, en “Reminiscences of a Ranger”, afirma en la página 291 que fueron 32 “hors du combat”), habiendo perdido sólo un hombre que fue 
capturado por los invasores gracias a la ayuda de los indios del lugar. La derrota total no se consumó porque los norteamericanos recibieron ayuda procedente de San Diego.

lunes, 27 de octubre de 2014

Marcos Chiguantupa, Alférez Real de los Incas

Cacique principal y Conde de la villa de Guallamba y de San Gerónimo de Colquepata. La Corona de Castilla otorgó títulos de caballería a los nobles incas y de otras "naciones" de las Indias que... hubiesen colaborado con España en la "pacificación" de los Reynos del Perú. El título de "Alférez Real de los Incas" era sumamente preciado entre los nobles del Cuzco, que buscaban reivindicar su parentesco con la antigua monarquía incaica anterior a la Conquista y mantener sus derechos y propiedades.

Chiguantupa, educado en el Colegio San Francisco de Borja para "Yngas Nobles", lleva puesta la Mascapaicha, corona del Sapa Inca, con la borla de lana roja, llauto y plumas de korekenke. En su mano derecha porta el Estandarte Real, que sobre paño blanco lleva bordadas las armas del Reino de Castilla y la Orden del Toisón de Oro.

Óleo sobre lienzo, 1720. Propiedad de la Universidad Nacional San Antonio Abad del Cuzco.


Foto: Marcos Chiguantupa, Alférez Real de los Incas, Cacique principal y Conde de la villa de Guallamba y de San Gerónimo de Colquepata. La Corona de Castilla otorgó títulos de caballería a los nobles incas y de otras "naciones" de las Indias que hubiesen colaborado con España en la "pacificación" de los Reynos del Perú. El título de "Alférez Real de los Incas" era sumamente preciado entre los nobles del Cuzco, que buscaban reivindicar su parentesco con la antigua monarquía incaica anterior a la Conquista y mantener sus derechos y propiedades.

Chiguantupa, educado en el Colegio San Francisco de Borja para "Yngas Nobles", lleva puesta la Mascapaicha, corona del Sapa Inca, con la borla de lana roja, llauto y plumas de korekenke. En su mano derecha porta el Estandarte Real, que sobre paño blanco lleva bordadas las armas del Reino de Castilla y la Orden del Toisón de Oro.

Óleo sobre lienzo, 1720. Propiedad de la Universidad Nacional San Antonio Abad del Cuzco.

martes, 21 de octubre de 2014

LOS FAVORES HAY QUE COBRALOS.

MIRAD QUIEN ESTÁ HOY EN LONDRES EN LA RECEPCIÓN QUE EL ALCALDE COLONIAL DE GIBRALTAR,FABIAN PICARDO, ESTÁ DANDO JUNTO A DIFERENTES PERSONALIDADES.



https://twitter.com/naomishw/status/524299514186698752

¡¡COMPÁRTE SI TE INDIGNA!!

VERTIDOS AL MAR
ACOSO A NUESTROS PESCADORES
CONTRABANDO
FRAUDE FISCAL...
RELLENOS QUE MATAN LA FAUNA MARINA.
CABLES
BUNKENING
80 BLOQUES DE HORMIGÓN
COLONIALISMO

Foto: ¡¡COMPÁRTE SI TE INDIGNA!!

VERTIDOS AL MAR
ACOSO A NUESTROS PESCADORES
CONTRABANDO
FRAUDE FISCAL
RELLENOS QUE MATAN LA FAUNA MARINA.
CABLES 
BUNKENING
80 BLOQUES DE HORMIGÓN
COLONIALISMO